Almost Human - Parte 2 - Blog de Asimov Consultores


Publicado por Andrés Bustamante Valenzuela

El enfoque de los símbolos

Desde allí, la inteligencia artificial fue tomando diversos caminos con diferentes niveles de éxito. Uno de ellos, en los años 60 fue el enfoque “simbólico” donde se asumía que la inteligencia humana podía ser reducida a la manipulación de símbolos. De este modo, las ciencias cognitivas, se desarrollaron bajo la lógica de que los humanos, a medida de que vamos comprendiendo el lenguaje y nombrando los diferentes “objetos” de la realidad, vamos aprendiendo símbolos, que el proceso de “aculturación” va vinculando y nos permite comprender el mundo e ir procesando lo que percibimos, generando reglas que nos permiten manipularlos. La cuestión aquí es que si bien bajo ese enfoque podríamos hacer fácilmente una máquina capaz de jugar ajedrez con el mejor ajedrecista del mundo, como fue en el 97 la maquina de IBM Deep Blue contra Kasparov, no queda muy claro que podríamos imitar comportamientos que no necesariamente se pueden formular como una regla de asociación entre objetos.

La empatía, la ironía, los comportamientos sociales y la comunicación no verbal, si bien podrían intentar definirse en términos de ciertas reglas, en la mayor parte de los casos, estas son tan sutiles y dependientes del contexto, que se hace difícil imaginar un conjunto de reglas tan flexible, descartando así que este enfoque nos permita definir un agente inteligente.

¿Pero que pasa cuando un humano tiene un comportamiento similar?. tomemos el caso de una persona del espectro Autista en su grado mayor. Entre sus síntomas se encuentran la dificultad de interacción social, de comunicarse, los intereses restringidos y el comportamiento repetitivo. De este modo, tienen importantes dificultades para entender el mundo como lo entiende la mayoría de las personas, para relacionarse con el resto y contextualizar los símbolos y sus relaciones. Eso sí, pueden comprender los símbolos como tales, incluso a un nivel superior, generando algunos “súper poderes” como sumar a velocidad increíble, aprender enciclopedias de memoria o las calles de una ciudad. Pero si disfrazáramos a una persona con estos síntomas como si fuera un androide, ¿pasaría el test de Turing?. ¿Es que acaso el hecho de tener un comportamiento similar al de una máquina de inteligencia con enfoque simbólico lo hace menos humano o menos inteligente?. En la misma línea, entonces podemos decir que ¿una máquina simbólica no es inteligente?. Por supuesto, en esta burda comparación nos hemos saltado el tema de la “voluntad”, algo que en el autista, si existe.

Yo Robot

Sigamos avanzando en la evolución de la inteligencia artificial. Desde el mundo de la robótica surgieron algunas voces disidentes como Rodney Brooks, quien desde la lógica de como los robots se pueden mover y sobrevivir reintroduce un concepto de los inicios de la cibernética, cual es la de teoría de control en inteligencia artificial, que tiene que ver con el comportamiento de sistemas dinámicos con inputs. Concidentemente con las ciencias cognitivas, está la idea de que aspectos corporales como el movimiento, la percepción y la visualización son necesarios para la inteligencia superior.

Desde este punto de vista, podríamos pensar en un robot, que ya integrando la inteligencia simbólica antes mencionada agregara a su interacción los elementos perceptuales que le permiten tener conciencia de si mismo a través de los movimientos y la percepción del entorno, algo tan “simple” como R2D2 o un androide mas complejo como C3PO (de Star Wars).

Pero nuevamente nos encontramos con el asunto de la percepción. En el 2010, en la feria anual de películas y artículos para adultos AVN, se presentó Roxxxy, el robot sexual. Es anatómicamente perfecta, con piel sintética y reacciona cuando es tocada. Tiene una personalidad programable y puede interactuar con una persona, que tal vez tiene miedo de la intimidad o simplemente quiere sexo seguro por la módica suma de 10 mil USD.

¿Que pasará en el futuro cuando estos sexbots evolucionen? ¿Que pasará con temas como el inicio de la vida sexual, la exploración sexual, la vida en pareja, el tratamiento de la “adicción al sexo”, e incluso la prostitución?. Si uno de estos sexbots es capaz de darle a las personas el estímulo y la satisfacción necesaria para saciar sus instintos, ¿no hace a estos autómatas parecidos a quienes comercian con el sexo y por tanto, mas “humanos”?. De hecho, para no quedar en un tema tan “corporal”, en el 2012, la compañía Rethink Robotics, lanzó su robot “Baxter”, que puede ser integrado en una fábrica y entrenado por personal no especializado en menos de una hora para realizar tareas simples. El robot tiene una “cara” digital capaz de sonreír y expresar emociones básicas, así como rutinas conversacionales que permitirían tener en una misma fábrica igual número de trabajadores “humanos” y robots intercaladamente sin problema. Independiente del tremendo impacto económico que esto puede tener, en un contexto tan automatizado, estos robots podrían ser perfectamente un compañero de trabajo mas. Pero nuevamente viene el tema de la voluntad… si podemos hacer lo que queramos con ellos, aún no parecen comportarse como nosotros.

En la siguiente parte hablaremos de como adaptar el hardware para avanzar en esto…

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